Desde
el primer tiempo, Mauro Formica demostraba una y otra vez por qué tiene en la
banca al Chaco Giménez. Su versatilidad hace patente su estadía en el campo;
esta vez colaboraba, no sólo en la creación, sino en la recuperación de pelota
por la banda derecha, generando desbordes peligrosos, cuyos centros eran
rebotados por la zaga queretana.
Gallos
Blancos logró equilibrar la balanza, le costó 15 minutos, pero pudo poner el juego a su ritmo, con un
duelo rocoso en cada parte del campo, cerrando los espacios al rival en busca
de una jugada a la contra o en balón parado que pudiera fructificar.
Así
cayó la primera anotación que heló el corazón de los celestes. Diego de la
Torre cobró por derecha, el balón viajó hasta el área y Ricardo da Silva colocó
la bola pegada al poste sin posibilidad para Corona.
El
tanto despertó a una máquina que necesitaba aceitarse y dar mayor amplitud al
ataque. Fue entonces cuando se fueron al frente y consiguieron una pena máxima,
tras un disparo que Osuna detuvo con la mano en su área. Rogelio Chávez, quien
ya había marcado gol contra Chivas, cobró impecable al centro y empató pasada
la media hora.
Entonces
el gallo se quedó afónico, sólo pitaba el sonido de una locomotora incesante
que manejaba los tiempos y el espacio a placer. La característica lucha de
Pavone en zona rival fue el detonante para darle la vuelta a un juego ya
controlado. Tras pelear con un rival la posesión, el rebote quedó para que
Formica impactara de bote pronto en los linderos del área y mandara a guardar
el esférico, a pesar del vuelo de Hernández, poco antes del silbatazo que puso
fin a la primera mitad.
El
complemento fue de ensueño para La Máquina. El resultado obligó a los Gallos a
dejar más espacios y, aunque William puso a prueba a Jesús Corona con un
disparo que el arquero sacó volando a mano cambiada, el desdoble de los
cementeros fue más cómodo y tuvo en Pavone a un referente adelante, sobre todo
a los 20 minutos, cuando mandó un tiro colocado que Hernández sacó de forma
espectacular.
El
súper líder ya contaba un monólogo en el campo, jugaba bonito y creaba peligro,
el sueño de todo técnico. Pavone recuperó la memoria ofensiva y cambió la
recuperación por los embates a puerta, todo manufacturado con la combinación
magistral de Fabián y Formica desde el medio campo, aunque este último dejó su
lugar al Chaco, quien ingresó ovacionado a 15' del final.
La
elaboración de una estampa futbolística celeste seguía en progreso, los Gallos
Blancos eran simples espectadores. Un espectáculo como este debía finalizar con
una oda al gol y fue Rogelio Chávez quien disparó desde el medio campo para
colocar la bola en el fondo de la red, marcando un gol de antología que cerró
el triunfo capitalino.
Alonso Rivera
@alonso911
