El fútbol une naciones, también es capaz de partirlas; el
fútbol arregla conflictos sociales, pero igual los provoca; el fútbol es el
único deporte capaz de detener al mundo para ver un partido; el fútbol es el
único deporte universal: no hay país donde no se practique.
Y esto lo comento porque hace unos días terminé de leer el
libro Latitudes: crónica, viaje y balón,
del periodista deportivo Alberto Lati, una obra en la que nos lleva a hacer un
recorrido a través de hechos que han marcado la historia deportiva en tiempos
recientes, al tiempo que nos comparte sus experiencias como corresponsal
internacional de Televisa Deportes.
A lo largo del Libro, Lati muestra cómo el fútbol puede
lograr cosas que parecen difíciles, como que ayudó a detener conflictos bélicos
en Costa de Marfil o Liberia, donde futbolistas como Didier Drogba y George
Weah fueron parte importante de que se restableciera la paz en esas naciones
gracias a sus llamados para combatientes, gobierno y pueblo.
Aunque también esto contrarresta con la llamada Guerra del
Fútbol entre El Salvador y Honduras en los años setenta, o conflictos en Egipto
hace unos años, que arrancaron con una matanza en un clásico del fútbol de
aquella nación africana.
El periodista también menciona las crisis económicas y
sociales que han provocado para diversas naciones ser sedes de los grandes
eventos internacionales: el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos de Verano.
Para albergar estos eventos, los gobiernos de los países, en la mayoría de los
casos, se endeuda excesivamente para cumplir con las exigencias de la FIFA o
del COI y genera crisis económicas y deudas que duran varias décadas, como en
México se vivió con el impuesto de la tenencia para pagar los Juegos Olímpicos
de 1968, y que se siguen pagando.
Lati finaliza el libro con un estupendo texto en el que
describe la situación de protesta social que vivió Brasil en la Copa
Confederaciones 2013 y que podría repetirse en el Mundial, dentro de unos
meses. Cita a un escritor que dice que las protestas en Brasil, ferviente país
del fútbol, es como si “decenas de católicos estuvieran protestando afuera de
El Vaticano”. Ya veremos qué es lo que sucede en los próximos meses previo a la
justa y después durante el certamen, pues seguramente, como el año pasado, los
brasileños buscarán aprovechar la atención mundial para reclamar carencias y
exigir el respeto a sus derechos.
Ante esto, y otros tantos temas que aborda Alberto Lati en
su libro, reflexioné mucho en lo que puede lograr un deporte, lo que puede
hacer una camiseta, un deportista o una institución, lo que provoca un balón
rodando por un terreno de juego. Pero sobretodo, es impresionante lo que logra
el balompié, no encuentro algo con qué compararlo, es único en el mundo.
Tanto bueno como malo, el fútbol impacta al orbe de una
forma incuantificable: en temas sociales, económicos, políticos, religiosos,
etcétera, etcétera, etcétera, como nada ni nadie es capaz de hacerlo. Y aunque
a muchos les parezca un deporte simple, sin chiste, poco a poco logró colocarse
como la disciplina atlética más practicada en el mundo, y nada lo va a quitar
de ahí.
Disfrutemos del fútbol semana a semana, vivamos esa pasión,
sintamos los colores de una camiseta, idolatremos a esas figuras que nos hacen
vibrar en cada partido, porque el fútbol es el deporte de deportes.
Para charlar más de deportes y fútbol, te espero en mi
Twitter @Tuzoalfo
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